jueves, 4 de octubre de 2012

Hombre preso que mira a su hijo... Mario Benedetti

Hombre preso que mira a su hijo

Mario Benedetti

Cuando era como vos me enseñaron los viejos
y también las maestras bondadosas y miopes
que libertad o muerte era una redundancia
a quien se le ocurría en un país
donde los presidentes andaban sin capangas.

Que la patria o la tumba era otro pleonasmo
ya que la patria funcionaba bien
en las canchas y en los pastoreos.

Realmente no sabían un corno
pobrecitos creían que libertad
era tan solo una palabra aguda
que muerte era tan solo grave o llana
y cárceles por suerte una palabra esdrújula.

Olvidaban poner el acento en el hombre.

La culpa no era exactamente de ellos
sino de otros más duros y siniestros
y estos sí
cómo nos ensartaron
en la limpia república verbal
cómo idealizaron
la vidurria de vacas y estancieros
y cómo nos vendieron un ejército
que tomaba su mate en los cuarteles.

Uno no siempre hace lo que quiere
uno no siempre puede
por eso estoy aquí
mirándote y echándote
de menos.

Por eso es que no puedo despeinarte el jopo
ni ayudarte con la tabla del nueve
ni acribillarte a pelotazos.

Vos ya sabés que tuve que elegir otros juegos
y que los jugué en serio.

Y jugué por ejemplo a los ladrones
y los ladrones eran policías.

Y jugué por ejemplo a la escondida
y si te descubrían te mataban
y jugué a la mancha
y era de sangre.

Botija aunque tengas pocos años
creo que hay que decirte la verdad
para que no la olvides.

Por eso no te oculto que me dieron picana
que casi me revientan los riñones
todas estas llagas, hinchazones y heridas
que tus ojos redondos
miran hipnotizados
son durísimos golpes
son botas en la cara
demasiado dolor para que te lo oculte
demasiado suplicio para que se me borre.

Pero también es bueno que conozcas
que tu viejo calló
o puteó como un loco
que es una linda forma de callar.

Que tu viejo olvidó todos los números
(por eso no podría ayudarte en las tablas)
y por lo tanto todos los teléfonos.

Y las calles y el color de los ojos
y los cabellos y las cicatrices
y en qué esquina
en qué bar
qué parada
qué casa.

Y acordarse de vos
de tu carita
lo ayudaba a callar.

Una cosa es morirse de dolor
y otra cosa es morirse de vergüenza.

Por eso ahora
me podés preguntar
y sobre todo
puedo yo responder.

Uno no siempre hace lo que quiere
pero tiene el derecho de no hacer
lo que no quiere.

Llora nomás botija
son macanas
que los hombres no lloran
aquí lloramos todos.

Gritamos, berreamos, moqueamos, chillamos, maldecimos
porque es mejor llorar que traicionar
porque es mejor llorar que traicionarse.

Llorá
pero no olvides.

jueves, 30 de agosto de 2012

CONSEJOS PARA UNA ADÚLTERA... CrimethInc. Fragmentos

CONSEJOS PARA UNA ADÚLTERA
CrimethInc.

“LOS BUENOS MATRIMONIOS CUESTAN TRABAJO”
Crecer en un ambiente dominado por la economía capitalista nos enseña ciertas lecciones psicológicas difíciles de olvidar: Cualquier cosa de valor sólo está disponible en dosis limitadas. Exige lo que es tuyo, antes de que te dejen sola y sin nada.

Aprendemos a medir compromiso y afecto en términos de cuánto es que los otros están dispuestos a sacrificar por nosotros, sin imaginar que el amor y el placer pueden multiplicarse cuando son compartidos. En una relación saludable, amigos y amantes se permiten mutuamente hacer, vivir y sentir más. Si sientes en tus entrañas (si no es en tu cabeza) que monogamia significa renunciar a algo (tu “libertad”, como se dice), entonces los modelos de explotación han penetrado incluso hasta en tu vida romántica.

Todos sabemos que Los Buenos Matrimonios Cuestan Trabajo... Cuando tienes que trabajaren la monogamia, estás de vuelta en el sistema de intercambio: la economía de tu intimidad está regimentada del mismo modo que la economía capitalista, por escasez, amenazas y prohibiciones programadas... Cuando las relaciones se convierten en trabajo, cuando el deseo está organizado contractualmente, cuando las cuentas son mantenidas y la fidelidad es sustraída –como la mano de obra a los empleados– en un matrimonio que es como una fábrica doméstica vigilada en medio de una rígida disciplina de personal y diseñada para mantener a esposas y maridos encadenados a la maquinaria de la reproducción responsables, no debería sorprender que algunos no puedan evitarlo y que también se rebelen.

El adulterio, completamente opuesto al Buen Matrimonio, llega de manera natural, sin siquiera haber sido invitado. De pronto, te sientes transformada, despertada de ese cementerio de la pasión –ya muerta– que ha sido tu relación, para sentir de nuevo esa excitación. No deberías estar sintiendo nada de esto ¡maldita sea! e incluso es la primera vez que has sido exaltada por una felicidad pura y no forzada... Oh, el dulce optimismo de algo nuevo, algo que todavía no es predecible... Es como si la sorpresa, el riesgo, el gozo, la satisfacción fueran de nuevo posibilidades genuinamente imaginables. ¿Quiénes, si pudieran sentir lo que están sintiendo ahora mismo, podrían exigirte que te resistieras a ello? (...)

“EL ADULTERIO ES LA FIEL OPOSICIÓN AL MATRIMONIO”
Finalmente, el adulterio sólo es posible porque las preguntas que él mismo realiza quedan sin responder. Al igual que la liberadora de productos, la amotinada y la suicida, la adúltera sólo hace media revolución: viola la ley y la costumbre autoritaria pero de tal manera que ellos permanecen en el mismo lugar y siguen determinando sus acciones, sean éstas de obediencia o de rechazo. Sería mejor si realmente expusiera quién es y qué quiere para el mundo entero, sin culpa ni remordimiento... Luego, su propia lucha podría ser el punto de partida para una revolución en las relaciones humanas de las cuales todos se beneficiarían, y no simplemente un destello de pasión e insurgencia aislada que podrá ser aplastada antes incluso de ser consciente de sí misma.
Protejamos y defendamos a la adúltera de la vergüenza que le impone esta sociedad, sea cuando sea que ella dé este paso, para que efectivamente lo pueda realizar: ella actúa –como lo hacemos nosotros– impulsada por una pasión que arde inextinguible  por un mundo nuevo.